Devocional diario del Avivamiento
Busquemos juntos al Espíritu Santo. Él soplará sobre nuestras vidas una vez más.
¡Sígue los pasos, es muy sencillo!
1 - Adoración
Empieza con adoración
Toma tiempo para adorar, la Biblia nos enseña que: “…antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;” La adoración en muy importante para el Señor, Su Palabra dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”. Juan 4:23
Toma tiempo para adorar, la Biblia nos enseña que: “…antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones;” La adoración en muy importante para el Señor, Su Palabra dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”. Juan 4:23
2 - Lee Su palabra
Lucas : 3
1 En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,
2 y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3 Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados,
4 como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas.
5 Todo valle se rellenará, Y se bajará todo monte y collado; Los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados;
6 Y verá toda carne la salvación de Dios.
7 Y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?
8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.
9 Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.
10 Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos?
11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
12 Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?
13 El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.
14 También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.
15 Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo,
16 respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
17 Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba las buenas nuevas al pueblo.
19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por Juan a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que Herodes había hecho,
20 sobre todas ellas, añadió además esta: encerró a Juan en la cárcel.
21 Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió,
22 y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.
23 Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía, de José, hijo de Elí,
24 hijo de Matat, hijo de Leví, hijo de Melqui, hijo de Jana, hijo de José,
25 hijo de Matatías, hijo de Amós, hijo de Nahum, hijo de Esli, hijo de Nagai,
26 hijo de Maat, hijo de Matatías, hijo de Semei, hijo de José, hijo de Judá,
27 hijo de Joana, hijo de Resa, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Neri,
28 hijo de Melqui, hijo de Adi, hijo de Cosam, hijo de Elmodam, hijo de Er,
29 hijo de Josué, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Matat,
30 hijo de Leví, hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonán, hijo de Eliaquim,
31 hijo de Melea, hijo de Mainán, hijo de Matata, hijo de Natán,
32 hijo de David, hijo de Isaí, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Salmón, hijo de Naasón,
33 hijo de Aminadab, hijo de Aram, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá,
34 hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Taré, hijo de Nacor,
35 hijo de Serug, hijo de Ragau, hijo de Peleg, hijo de Heber, hijo de Sala,
36 hijo de Cainán, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lamec,
37 hijo de Matusalén, hijo de Enoc, hijo de Jared, hijo de Mahalaleel, hijo de Cainán,
38 hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.
Lucas : 4
1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto
2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí a esta piedra que se convierta en pan.
4 Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.
5 Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra.
6 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy.
7 Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.
8 Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
9 Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo;
10 porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden;
11 y, En las manos te sostendrán, Para que no tropieces con tu pie en piedra.
12 Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
13 Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.
14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.
15 Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.
16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.
17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18 Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos;
19 A predicar el año agradable del Señor.
20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.
21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.
22 Y todos daban buen testimonio de él, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?
23 El les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.
24 Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra.
25 Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;
26 pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.
27 Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio.
28 Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira;
29 y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.
30 Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue.
31 Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los días de reposo.
32 Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad.
33 Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz,
34 diciendo: Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
35 Y Jesús le reprendió, diciendo: Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno.
36 Y estaban todos maravillados, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen?
37 Y su fama se difundía por todos los lugares de los contornos.
38 Entonces Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella.
39 E inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó, y levantándose ella al instante, les servía.
40 Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41 También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.
42 Cuando ya era de día, salió y se fue a un lugar desierto; y la gente le buscaba, y llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos.
43 Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.
44 Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
Salmos : 119
1 Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová.
2 Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan;
3 Pues no hacen iniquidad Los que andan en sus caminos.
4 Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos.
5 ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos!
6 Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese a todos tus mandamientos.
7 Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios.
8 Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente.
9 ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.
10 Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos.
11 En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.
12 Bendito tú, oh Jehová; Enséñame tus estatutos.
13 Con mis labios he contado Todos los juicios de tu boca.
14 Me he gozado en el camino de tus testimonios Más que de toda riqueza.
15 En tus mandamientos meditaré; Consideraré tus caminos.
16 Me regocijaré en tus estatutos; No me olvidaré de tus palabras.
17 Haz bien a tu siervo; que viva, Y guarde tu palabra.
18 Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.
19 Forastero soy yo en la tierra; No encubras de mí tus mandamientos.
20 Quebrantada está mi alma de desear Tus juicios en todo tiempo.
21 Reprendiste a los soberbios, los malditos, Que se desvían de tus mandamientos.
22 Aparta de mí el oprobio y el menosprecio, Porque tus testimonios he guardado.
23 Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí; Mas tu siervo meditaba en tus estatutos,
24 Pues tus testimonios son mis delicias Y mis consejeros.
25 Abatida hasta el polvo está mi alma; Vivifícame según tu palabra.
26 Te he manifestado mis caminos, y me has respondido; Enséñame tus estatutos.
27 Hazme entender el camino de tus mandamientos, Para que medite en tus maravillas.
28 Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra.
29 Aparta de mí el camino de la mentira, Y en tu misericordia concédeme tu ley.
30 Escogí el camino de la verdad; He puesto tus juicios delante de mí.
31 Me he apegado a tus testimonios; Oh Jehová, no me avergüences.
32 Por el camino de tus mandamientos correré, Cuando ensanches mi corazón.
33 Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, Y lo guardaré hasta el fin.
34 Dame entendimiento, y guardaré tu ley, Y la cumpliré de todo corazón.
35 Guíame por la senda de tus mandamientos, Porque en ella tengo mi voluntad.
36 Inclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la avaricia.
37 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino.
38 Confirma tu palabra a tu siervo, Que te teme.
39 Quita de mí el oprobio que he temido, Porque buenos son tus juicios.
40 He aquí yo he anhelado tus mandamientos; Vivifícame en tu justicia.
41 Venga a mí tu misericordia, oh Jehová; Tu salvación, conforme a tu dicho.
42 Y daré por respuesta a mi avergonzador, Que en tu palabra he confiado.
43 No quites de mi boca en ningún tiempo la palabra de verdad, Porque en tus juicios espero.
44 Guardaré tu ley siempre, Para siempre y eternamente.
45 Y andaré en libertad, Porque busqué tus mandamientos.
46 Hablaré de tus testimonios delante de los reyes, Y no me avergonzaré;
47 Y me regocijaré en tus mandamientos, Los cuales he amado.
48 Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, Y meditaré en tus estatutos.
49 Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, En la cual me has hecho esperar.
50 Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado.
51 Los soberbios se burlaron mucho de mí, Mas no me he apartado de tu ley.
52 Me acordé, oh Jehová, de tus juicios antiguos, Y me consolé.
53 Horror se apoderó de mí a causa de los inicuos Que dejan tu ley.
54 Cánticos fueron para mí tus estatutos En la casa en donde fui extranjero.
55 Me acordé en la noche de tu nombre, oh Jehová, Y guardé tu ley.
56 Estas bendiciones tuve Porque guardé tus mandamientos.
57 Mi porción es Jehová; He dicho que guardaré tus palabras.
58 Tu presencia supliqué de todo corazón; Ten misericordia de mí según tu palabra.
59 Consideré mis caminos, Y volví mis pies a tus testimonios.
60 Me apresuré y no me retardé En guardar tus mandamientos.
61 Compañías de impíos me han rodeado, Mas no me he olvidado de tu ley.
62 A medianoche me levanto para alabarte Por tus justos juicios.
63 Compañero soy yo de todos los que te temen Y guardan tus mandamientos.
64 De tu misericordia, oh Jehová, está llena la tierra; Enséñame tus estatutos.
65 Bien has hecho con tu siervo, Oh Jehová, conforme a tu palabra.
66 Enséñame buen sentido y sabiduría, Porque tus mandamientos he creído.
67 Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.
68 Bueno eres tú, y bienhechor; Enséñame tus estatutos.
69 Contra mí forjaron mentira los soberbios, Mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.
70 Se engrosó el corazón de ellos como sebo, Mas yo en tu ley me he regocijado.
71 Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos.
72 Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata.
73 Tus manos me hicieron y me formaron; Hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.
74 Los que te temen me verán, y se alegrarán, Porque en tu palabra he esperado.
75 Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, Y que conforme a tu fidelidad me afligiste.
76 Sea ahora tu misericordia para consolarme, Conforme a lo que has dicho a tu siervo.
77 Vengan a mí tus misericordias, para que viva, Porque tu ley es mi delicia.
78 Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado; Pero yo meditaré en tus mandamientos.
79 Vuélvanse a mí los que te temen Y conocen tus testimonios.
80 Sea mi corazón íntegro en tus estatutos, Para que no sea yo avergonzado.
81 Desfallece mi alma por tu salvación, Mas espero en tu palabra.
82 Desfallecieron mis ojos por tu palabra, Diciendo: ¿Cuándo me consolarás?
83 Porque estoy como el odre al humo; Pero no he olvidado tus estatutos.
84 ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo harás juicio contra los que me persiguen?
85 Los soberbios me han cavado hoyos; Mas no proceden según tu ley.
86 Todos tus mandamientos son verdad; Sin causa me persiguen; ayúdame.
87 Casi me han echado por tierra, Pero no he dejado tus mandamientos.
88 Vivifícame conforme a tu misericordia, Y guardaré los testimonios de tu boca.
89 Para siempre, oh Jehová, Permanece tu palabra en los cielos.
90 De generación en generación es tu fidelidad; Tú afirmaste la tierra, y subsiste.
91 Por tu ordenación subsisten todas las cosas hasta hoy, Pues todas ellas te sirven.
92 Si tu ley no hubiese sido mi delicia, Ya en mi aflicción hubiera perecido.
93 Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, Porque con ellos me has vivificado.
94 Tuyo soy yo, sálvame, Porque he buscado tus mandamientos.
95 Los impíos me han aguardado para destruirme; Mas yo consideraré tus testimonios.
96 A toda perfección he visto fin; Amplio sobremanera es tu mandamiento.
97 ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
98 Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, Porque siempre están conmigo.
99 Más que todos mis enseñadores he entendido, Porque tus testimonios son mi meditación.
100 Más que los viejos he entendido, Porque he guardado tus mandamientos;
101 De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra.
102 No me aparté de tus juicios, Porque tú me enseñaste.
103 ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.
104 De tus mandamientos he adquirido inteligencia; Por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.
105 Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.
106 Juré y ratifiqué Que guardaré tus justos juicios.
107 Afligido estoy en gran manera; Vivifícame, oh Jehová, conforme a tu palabra.
108 Te ruego, oh Jehová, que te sean agradables los sacrificios voluntarios de mi boca, Y me enseñes tus juicios.
109 Mi vida está de continuo en peligro, Mas no me he olvidado de tu ley.
110 Me pusieron lazo los impíos, Pero yo no me desvié de tus mandamientos.
111 Por heredad he tomado tus testimonios para siempre, Porque son el gozo de mi corazón.
112 Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos De continuo, hasta el fin.
113 Aborrezco a los hombres hipócritas; Mas amo tu ley.
114 Mi escondedero y mi escudo eres tú; En tu palabra he esperado.
115 Apartaos de mí, malignos, Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.
116 Susténtame conforme a tu palabra, y viviré; Y no quede yo avergonzado de mi esperanza.
117 Sosténme, y seré salvo, Y me regocijaré siempre en tus estatutos.
118 Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos, Porque su astucia es falsedad.
119 Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra; Por tanto, yo he amado tus testimonios.
120 Mi carne se ha estremecido por temor de ti, Y de tus juicios tengo miedo.
121 Juicio y justicia he hecho; No me abandones a mis opresores.
122 Afianza a tu siervo para bien; No permitas que los soberbios me opriman.
123 Mis ojos desfallecieron por tu salvación, Y por la palabra de tu justicia.
124 Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos.
125 Tu siervo soy yo, dame entendimiento Para conocer tus testimonios.
126 Tiempo es de actuar, oh Jehová, Porque han invalidado tu ley.
127 Por eso he amado tus mandamientos Más que el oro, y más que oro muy puro.
128 Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas, Y aborrecí todo camino de mentira.
129 Maravillosos son tus testimonios; Por tanto, los ha guardado mi alma.
130 La exposición de tus palabras alumbra; Hace entender a los simples.
131 Mi boca abrí y suspiré, Porque deseaba tus mandamientos.
132 Mírame, y ten misericordia de mí, Como acostumbras con los que aman tu nombre.
133 Ordena mis pasos con tu palabra, Y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.
134 Líbrame de la violencia de los hombres, Y guardaré tus mandamientos.
135 Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, Y enséñame tus estatutos.
136 Ríos de agua descendieron de mis ojos, Porque no guardaban tu ley.
137 Justo eres tú, oh Jehová, Y rectos tus juicios.
138 Tus testimonios, que has recomendado, Son rectos y muy fieles.
139 Mi celo me ha consumido, Porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.
140 Sumamente pura es tu palabra, Y la ama tu siervo.
141 Pequeño soy yo, y desechado, Mas no me he olvidado de tus mandamientos.
142 Tu justicia es justicia eterna, Y tu ley la verdad.
143 Aflicción y angustia se han apoderado de mí, Mas tus mandamientos fueron mi delicia.
144 Justicia eterna son tus testimonios; Dame entendimiento, y viviré.
145 Clamé con todo mi corazón; respóndeme, Jehová, Y guardaré tus estatutos.
146 A ti clamé; sálvame, Y guardaré tus testimonios.
147 Me anticipé al alba, y clamé; Esperé en tu palabra.
148 Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, Para meditar en tus mandatos.
149 Oye mi voz conforme a tu misericordia; Oh Jehová, vivifícame conforme a tu juicio.
150 Se acercaron a la maldad los que me persiguen; Se alejaron de tu ley.
151 Cercano estás tú, oh Jehová, Y todos tus mandamientos son verdad.
152 Hace ya mucho que he entendido tus testimonios, Que para siempre los has establecido.
153 Mira mi aflicción, y líbrame, Porque de tu ley no me he olvidado.
154 Defiende mi causa, y redímeme; Vivifícame con tu palabra.
155 Lejos está de los impíos la salvación, Porque no buscan tus estatutos.
156 Muchas son tus misericordias, oh Jehová; Vivifícame conforme a tus juicios.
157 Muchos son mis perseguidores y mis enemigos, Mas de tus testimonios no me he apartado.
158 Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, Porque no guardaban tus palabras.
159 Mira, oh Jehová, que amo tus mandamientos; Vivifícame conforme a tu misericordia.
160 La suma de tu palabra es verdad, Y eterno es todo juicio de tu justicia.
161 Príncipes me han perseguido sin causa, Pero mi corazón tuvo temor de tus palabras.
162 Me regocijo en tu palabra Como el que halla muchos despojos.
163 La mentira aborrezco y abomino; Tu ley amo.
164 Siete veces al día te alabo A causa de tus justos juicios.
165 Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.
166 Tu salvación he esperado, oh Jehová, Y tus mandamientos he puesto por obra.
167 Mi alma ha guardado tus testimonios, Y los he amado en gran manera.
168 He guardado tus mandamientos y tus testimonios, Porque todos mis caminos están delante de ti.
169 Llegue mi clamor delante de ti, oh Jehová; Dame entendimiento conforme a tu palabra.
170 LLegue mi oración delante de ti; Líbrame conforme a tu dicho.
171 Mis labios rebosarán alabanza Cuando me enseñes tus estatutos.
172 Hablará mi lengua tus dichos, Porque todos tus mandamientos son justicia.
173 Esté tu mano pronta para socorrerme, Porque tus mandamientos he escogido.
174 He deseado tu salvación, oh Jehová, Y tu ley es mi delicia.
175 Viva mi alma y te alabe, Y tus juicios me ayuden.
176 Yo anduve errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, Porque no me he olvidado de tus mandamientos.
Salmos : 120
1 A Jehová clamé estando en angustia, Y él me respondió.
2 Libra mi alma, oh Jehová, del labio mentiroso, Y de la lengua fraudulenta.
3 ¿Qué te dará, o qué te aprovechará, Oh lengua engañosa?
4 Agudas saetas de valiente, Con brasas de enebro.
5 ¡Ay de mí, que moro en Mesec, Y habito entre las tiendas de Cedar!
6 Mucho tiempo ha morado mi alma Con los que aborrecen la paz.
7 Yo soy pacífico; Mas ellos, así que hablo, me hacen guerra.
3 - Avivabreak para hoy
"Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados."
2 Crónicas 20 describe como el rey Josafat vence contra Moab y Amón y el verso 20 explica como: "Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían, Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados”.Creer en la palabra predicada te hace prosperar y vencer, escucha este Avivabreak, unos pocos minutos te pueden dar la victoria.
4 - Vamos a orar, hablemos con Dios
Jesús nos enseñó acerca de la oración:
"Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?
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