Crecimiento Espiritual

SACANDO EL ANATEMA DE NUESTRAS CASAS

Existen momentos en los que nos sentimos bajo ataque sin que haya una razón aparente. Nos encontramos con la derrota, turbación y maldición en nuestra casa aunque sentimos que hacemos las cosas bien y somos obedientes al Señor. Sin embargo, el origen de esta aflicción la podremos encontrar en el anatema.


¿QUÉ ES EL ANATEMA?

Es todo aquello que es abominable para el Señor, lo que es considerado maldito y causa separación entre tú y Dios. Este concepto lo podemos encontrar en las Escrituras en el libro de Deuteronomio:

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“No llevarás ninguna cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema. Del todo lo aborrecerás y lo abominarás, porque es anatema”
(Deuteronomio 7:26)


Algunos ejemplos de esto son objetos de ocultismo, ídolos, imágenes que representan desnudos, libros sobre la práctica de brujería, hechicería, vudú, adivinación, chamanismo, enseñanzas de la nueva era, programas de televisión, videos de internet, música, libros, revistas o cualquier otro medio con contenido pornográfico, demoniaco, de terror o violencia, objetos que han sido consagrados a ídolos; así como la participación en negocios ilícitos, fraudes, narcotráfico, robos, piratería, contrabando, entre otros

Si decidimos guardar en nuestras casas estas cosas que el Señor aborrece estorbamos la bendición para nuestra vida y familia, y abrimos una puerta para que el enemigo entre y nos destruya.


¿QUÉ HACER CON EL ANATEMA?

Ahora que sabemos que es el anatema, ¿qué debemos hacer con él? La respuesta es sencilla: DESTRUIRLO.

El libro de Josué, en el capítulo 7,  nos da un ejemplo de sus consecuencias y la forma en que debemos tratarlo. La Palabra cuenta que durante la campaña de conquista de la tierra prometida Dios determinó que la ciudad de Jericó era anatema, es decir, que debía ser destruida completamente; nada de lo que los israelitas encontrarán en ella debían tomar como botín o perdonarle la vida. Por otro lado, la plata y el oro, así como los utensilios de hierro y bronce, le pertenecían al Señor, si un hombre los retenía, robándole a Dios, serían anatema:

“Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella . . . pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová.”

(Josué 6.17-19)

Esta fue la orden que dio el Señor; cualquiera que la desobedeciera se haría maldito y traería maldición y aflicción al campamento de Israel. Al séptimo día, luego de la séptima vuelta, el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; los muros de Jericó cayeron e Israel destruyó la ciudad y los que en ella vivían, pero en secreto alguien había tomado del anatema. La siguiente ciudad a conquistar era Hai, una ciudad más pequeña que Jericó, más fácil de tomar; Josué y sus hombres decidieron que no era necesario fatigar a todo el ejército de Israel, un pequeño grupo bastaría para lograr la tarea. Sorpresivamente, los de Hai ahuyentaron a los israelitas y en la huida treinta y seis de ellos murieron. El pueblo desfallecía, Josué clamó a Dios; el Señor le respondió mostrándole que alguien había tomado del anatema y las consecuencias que esto había traído:

“Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.”

(Josué 7.12)

La congregación fue llamada, los hombres pasaron uno a uno frente a Dios, y Acán, un hombre de la tribu de Judá, fue señalado como culpable. Acán confesó haber tomado un manto precioso, algunas monedas de plata y unos lingotes de oro. Finalmente, Acán, quien había tomado el anatema, y su familia fueron apedreados por su pecado. Israel continuó la conquista de la tierra prometida y lograron tomar la ciudad de Hai

En esta historia podemos ver que el anatema es todo aquello que el Señor aborrece y ha pedido que sea destruido, o lo que debe ser consagrado a él, pero que nosotros retenemos. Las consecuencias de desobedecer, de mantener el anatema en nuestras casas, vidas y familias pueden ser terribles. Para Israel significó una derrota frente a un enemigo insignificante y la muerte de treinta y seis hombres, para nosotros podría ser también el fracaso en nuestras conquistas, la muerte de nuestros sueños, estorbo para nuestras bendiciones y destrucción para nuestro hogar. Las acciones que debemos tomar frente al anatema deben ser radicales: DESTRUIRLO.

IDENTIFICA EL ANATEMA

En tu vida puedes identificar algunas manifestaciones del anatema como:

  • Falta de paz
  • Presencias demoniacas y turbación
  • Insomnio
  • Pesadillas
  • Movimiento de objetos físicos o ruidos sin razón
  • Olores desagradables
  • La persistencia de enfermedades
  • Náuseas o dolores de cabeza sin razón
  • Ruina, escasez
  • Pesadez espiritual
  • Contiendas

La buena noticia es que con la ayuda del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios puedes identificar el anatema y ser libre de todas estas ataduras. Por medio de la obediencia podemos alcanzar la vida plena que Dios tiene para nosotros.Si algo en tu casa cumple con algunas de las condiciones en la siguiente lista, es anatema:

  • ¿Fomenta el pecado, los antivalores y las malas costumbres? (1 Juan 2.16)
  • ¿Traer mal fruto a tu vida, a tu casa, a los que te rodean? (Mateo 7.16-20)
  • ¿Te mantiene atado al pecado? (Gálatas 5:1)
  • ¿Inquieta tu conciencia? (1 Timoteo 1:19)
  • ¿Enseña un mensaje diferente o contrario al evangelio? (Gálatas 1:8)
  • ¿Enseña malas costumbres o antivalores? Si tienes niños en tu hogar debes preguntar ¿cuál es el origen de estas cosas? ¿qué costumbres o enseñanzas trae? Si son series, dibujos animados, películas o juguetes que enseñan a nuestros hijos valores diferentes a los la Palabra son anatema y debemos sacarlos.

LIMPIA TU CASA

Ahora que has identificado el anatema en tu casa, ¿qué debes hacer? La Biblia nos enseña que debemos destruirlo irremediablemente:

“Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios;y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema”

(Deuteronomio 7:25-26)

Muchas veces la destrucción de estos objetos puede ser difícil; nos pueden seducir por su belleza, por su gran valor material, por el valor sentimental que tienen para nosotros (una herencia, un recuerdo, un regalo de un familiar), o de pronto sabemos que su destrucción nos puede acarrear persecución, el escarnio de nuestra familia y amigos.

Sin embargo, cuando obedecemos a Dios vamos a encontrar bendición, mayor entendimiento y libertad. En la Biblia podemos encontrar varios textos de las consecuencias de obedecer o desobedecer a la voz de Dios.

Por ejemplo, Dios le prometió a Abraham bendecir a todas las naciones de la tierra por medio de su descendencia, porque fue obediente:

  • “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”(Gn. 22:18).

También a Israel se le prometieron bendiciones por obedecer a la voz de Dios:

  • “Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios”(Dt. 28:2).

La obediencia es muy importante para Dios, incluso más que los sacrificios y ofrendas. Así se lo hizo saber al rey Saúl, quien fue desechado por su desobediencia:

  • “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey.” (1 S. 15:22-23)

CONCLUSIÓN

Si sabes que has permitido la entrada del anatema en tu vida y en tu hogar, te invitamos a que puedas dar un paso de obediencia, a que seas libre, a que limpies tu casa e invites la presencia de Dios a tu hogar para que Él se pueda mover libremente y traiga bendición a tu vida y familia.

ORACIÓN

Señor, hoy te pido perdón por tener en mi casa y en mi vida cosas que te ofenden. Hoy tomo la decisión de sacarlos por completo de mi corazón y de mi hogar.
Te pido que ahora llenes mi hogar con tu Espíritu Santo. En el nombre de Jesús, Amén.

Adora al Señor con este coro: Examíname

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