Sanidad Interior

EL PODER DEL PERDÓN

Como muchos de nosotros conocemos, el corazón que tenemos es como un jardín, el cual Dios quiere regar para que sea fructífero y fértil. Pero también existe la posibilidad que se encuentre totalmente árido y seco, debido a las diferentes situaciones que pasan en nuestra vida. Sin embargo, el estado final de nuestro corazón depende de las decisiones que tomamos día a día. Y si las tomamos correctamente, podremos estar seguros de que allí se cultivarán grandes bendiciones.


EL DESEO DE DIOS

El Señor siempre ha sido que tengamos un corazón sano, Él quiere bendecirnos. Incluso, el Señor Jesús afirmó que si teníamos un corazón limpio seríamos bienaventurados, y que además podríamos ver a Dios (Mateo 5:8). ¡Qué mayor bendición que esta! Y sólo necesitamos apartar todo lo que quiere contaminarnos. 

Sin embargo, en nuestro andar cristiano, es posible vivir momentos de felicidad, de aceptación y de comunión con otros. Pero también, podemos experimentar ofensas, traición, rechazo, humillación, pérdidas, injusticia y muchas cosas más. Todo esto puede hacer que sintamos dolor en nuestro corazón y puedan contaminarlo al punto de que se dañe. Pero sabemos que hay un camino para que podamos superar estos eventos. Este se llama PERDÓN.


¿QUÉ PASA CUANDO NO PERDONAMOS?

Cuando no perdonamos a las personas que nos han ofendido, sentimos cómo nuestro corazón se intoxica, y empieza a contaminarse todo alrededor, nuestro espíritu, nuestra alma, y aún nuestro cuerpo. Y algunas de las características en las cuales podemos encajar cuando no perdonamos son las siguientes:

Nuestro corazón y nuestra mente se nublan con amargura
Desaliento y opresión en nuestras vidas
Nuestra alma se inflama con malos pensamientos y sentimientos que nos enferman, pero que también se pueden esparcir, envenenando a otros, incluso a nuestros seres queridos
Nos volvemos personas que crean contiendas debido a nuestro corazón amargado
Estancamiento en nuestra vida y en las bendiciones que Dios quiere darnos
Tenemos una puerta abierta a la destrucción en nuestra vida (2 Corintios 2.10-11 NVI)
La bendición de disfrutar a plenitud la vida espiritual nos será quitada
Nos convertimos en personas que hieren a otros.
Atentamos contra Dios directamente, porque no perdonar es un pecado (Santiago 4.17; 1 Juan 2.9-12)

Pero también existen casos en los que somos nosotros quienes ofendemos a las personas, y esto puede darse intencionalmente o sin intención. En este caso somos nosotros los que debemos pedir perdón y restituir a aquellos que hemos agraviado. Una vez que esto se logra, podemos restaurar nuestra relación con Dios.


PERDONAR O PEDIR PERDÓN ES UN ACTO DE LA VOLUNTAD

No debes esperar a sentir que debes perdonar, de lo contrario nunca lo vas a hacer. Pero das un paso a la humildad cuando perdonas o pides perdón. Jesús dijo: “Aprended de mí, que yo soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11.29 RVR 1960)

Por esto, debes tener en cuenta que:

Perdonar es una decisión inmediata de:

✓ Dejar ir del corazón a aquellos que nos ofendieron

Renunciar al dolor, a las ofensas que te hirieron, al odio y a la venganza

Renunciar a la idea de aceptar o insistir en malos recuerdos

Renunciar a la amargura del corazón, la cual se puede ver reflejada en las conversaciones


Ten en cuenta que:


Cuando perdonamos y desarraigamos la amargura, la gracia de Dios es derramada en nuestros corazones y experimentamos una libertad gloriosa

El perdón muestra el carácter de Cristo y Su Misericordia

También, es un proceso porque cuando vienen los malos
recuerdos tenemos que elegir siempre perdonar y resistirlos. Dios provee restauración y la confianza vuelve cuando nos llenamos de su amor

El perdón restaura el gozo y la salud, entre otras cosas

Aunque muchas cosas son difíciles de perdonar, tenemos la provisión del Espíritu Santo para superarlas

El hecho de que quienes te ofendieron no te pidan perdón no es una razón para no perdonar

Perdonar no es aceptar la crueldad o el abuso

No se trata de negar o escapar de un evento doloroso

Una de las ilustraciones más hermosas en la Biblia es la historia de José (Génesis 37-50)


Para poder restaurar nuestra relación con otras personas, debemos:

Arrepentirnos y efectuar cambios en nuestro corazón en cuanto al comportamiento con otros

Pedir perdón humildemente. Es más allá de una simple disculpa, sino que se debe restituir, cuando las circunstancias lo permiten

Orar por aquellas personas a las cuales has ofendido y hacerles bien, en cuanto sea posible


UNA INVITACIÓN DEL CIELO

Tal vez en este momento pienses que se te dificulta perdonar a las personas que te hicieron daño, por la gravedad de los hechos o por lo mucho que te hirieron. Pero nosotros quisiéramos invitarte a que pensaras por un momento en la gran deuda que Dios nos perdonó cuando Cristo murió en la cruz. El derramó toda su sangre por nuestros pecados y por las faltas con las cuales ofendimos a Dios, a cambio de que pudiéramos restaurar nuestra relación con Él. Anuló el acta de decretos que había contra nosotros, y la clavó en la cruz (Colosenses 2.13-14).  Nos dio vida eterna. Fue algo impagable en nuestras fuerzas lo que Él pagó por nosotros. Es por eso que ninguna falta que otros hayan cometido contra nosotros se puede comparar con la gran deuda que Cristo pagó por cada uno de nosotros (Colosenses 3.13). Por eso te queremos invitar a que hagas la siguiente oración:

ORACIÓN

Señor, hoy tomo la decisión de perdonar a todos aquellos que me han causado daño. Te pido que por favor sanes el dolor y las heridas en mi corazón, aunque parezcan difíciles, yo decido confiar en ti. Ayúdame a orar y bendecir aquellas personas. En el Nombre de Jesús, Amén”

Adora al Señor con este coro: Un día te veré

3 Comentarios

  • Tefa

    Una de las razones por la que muchas veces nos cuesta perdonar, es porque queremos saber que sucederá a favor nuestro luego de que decidimos hacerlo… si nos van a restituir? si nos van a pedir perdón también?… pero creo que debemos vencer este pensamiento al entender que los planes de Dios siempre son más altos y la restauración viene de él. Un día tuve que perdonar a mi mamá por cosas muy duras, cosas de verdad muy difíciles, por obediencia a Dios- es curioso que cuando Dios nos pide algo, más que para ÉL es para beneficio de nosotros-. Cuando hice el proceso de perdón tuve que enfrentarme a la realidad de que las cosas que había perdonado podían seguir sucediendo y que debía prepararme para perdonar una y otra vez, pero fue más sencillo de lo que parecía después de tomar la decisión la primera vez. Cuando lo hacía una y otra vez, mi mamá pudo reconocer como era Jesús en mi y entender como era él con todos, fue la mejor forma de predicar a Jesús!. Hoy en día, sé que cuento con Dios para perdonar una y otra vez, y rendir a ÉL esta decisión hará que el se encargue de cada paso.

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